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"[...] un cineasta es como un vulgar mirón, un voyeour. Es como si la cámara fuera la cerradura del dormitorio de tus padres y tu los espías y te sientes asqueroso, te sientes culpable pero no puedes dejar de mirar [...]"
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Raza, una visión del franquismo.



"Raza" es el título de la película por excelencia que utilizó el franquismo como medio propagandístico, al igual que ya había hecho Hitler con “El triunfo de la voluntad” y Mussolini con “Escipión el Africano”, teniendo como principal intención la de justificar el surgimiento del régimen y el nuevo sistema que se estaba gestando. Así pues, se trata de una película que nos habla sobre la guerra civil a partir de una familia, la familia Churruca, alrededor de la cual gira el largometraje.

En primer lugar voy a hacer referencia a los aspectos técnicos del film, destacando una dirección y principalmente un guión más que politizado por parte de José Luís Sáenz de Heredia, basado en la historia escrita por Jaime de Andrade, seudónimo que, hoy sabemos, utilizó Francisco Franco, hecho que nos ayuda entender los abundantes matices que se encuentran entre los contundentes diálogos de “Raza”, entre los que (además de otros elementos que desarrollaremos a continuación) encontramos un constante encumbramiento de la nación.

Igualmente hay que destacar que ésta no es una película que pretenda alcanzar una gran calidad cinematográfica, por lo que encontramos una estética totalmente infrapuesta a un claro mensaje propagandístico, y por tanto, exceptuando algunas eficaces secuencias de imágenes bien montadas y una curiosa presentación inicial de créditos en la que se nos muestra como telón de fondo una consecución de imágenes de la “historia gloriosa” de España, no encontramos muchos elementos estilísticos resaltables, salvo el material documental que el largometraje incluye y la valiosa información que se nos ofrece sobre el vestuario y la sociedad de la época, quedando combinada la veracidad de la imagen con la mentira de la historia que se nos narra.

Dicho esto voy a pasar a analizar la interpretación que se da en la película sobre la Guerra Civil Española (1936-1939). Aquí, se nos muestra la sublevación como un hecho necesario para acabar con la relajación moral que está invadiendo la sociedad como consecuencia de la incipiente masonería, transmitida como la causa de todos los males del país

De este modo, se pone de manifiesto la urgencia de un levantamiento militar por parte de una serie de “salvadores de la nación" que pretenden eliminar los atisbos de violencia y anticlericalismo que se están dando por parte de organizaciones socialistas y anarquistas y que se ponen en relieve en secuencias tan contundentes como el asalto a iglesias por parte de CNTistas, el rapto de niños, o el fusilamiento de clérigos. La parte nacionalista, tradicionalista y que se basa en la defensa de la patria como único principio está representada principalmente por José Churruca, quien tras haber crecido entre los relatos de la “historia triunfal” española por parte de su padre, muerto en Cuba como víctima de la masonería, ha optado por salvar a España de un destino fatal.

Igualmente, se nos retrata el hambre y básicamente la carestía del territorio republicano así como la tenacidad y maldad que recae sobre las milicias, las cuales se nos presentan como asesinas sanguinarias. Por tanto, la guerra civil se justifica como una purga de los “indeseables” de España, y como una defensa de la patria y de la religión, la cual se defiende fervientemente durante todo el metraje a través de personajes como el hermano menor, Jaime, que muere fusilado por el bando republicano, secuencias como la boda católica de Isabel, así como a través de continuas referencias en el guión.

Sin embargo, para entender esta visión que se nos ofrece de la Guerra Civil, en la que igualmente se legitima la presencia de falange en el gobierno a través de su apoyo al bando nacional durante el periodo bélico, tenemos que hacer referencia al papel que se le otorga aquí a la II República y en definitiva la visión que de ella se quiere transmitir.

Este papel está presentado por Pedro Churruca, quien ya desde el inicio se nos plantea como un personaje ambicioso, traicionero y embustero, carácter que se liga con su posición de diputado de la república, un república que ha olvidado a su pueblo, que desvirtúa a la religión y al ejército y con ello “a la esencia patria” que se nos intenta transmitir a lo largo de toda la película y que Franco pretendía defender a través de todos los medios posibles.

Así, el gobierno republicano en este largometraje no es más que el reflejo de una sociedad corrompida por la masonería, esa masonería que mató a Pedro Churruca padre y que intenta asesinar a José Churruca, quien encarna el papel de Franco y el sentimiento de nación, y por tanto, al “esencialismo” español del que ya hemos hablado.

Sabido esto, no es en vano destacar el protagonismo que aquí se le da al ejército desde el inicio de la película, cuando el cabeza de la familia, antes de morir, llega a España tras una misión, encarnando la solemnidad del cuerpo militar, transmitiéndosenos (sobre todo a través de la madre) la necesidad de respeto hacia el mismo por su servicio a la nación.

De este modo podemos decir, que el ejército se nos presenta como el defensor de la patria, como aquel que merece sumisión por parte de la población ya que es el que está velando por los intereses de todos los ciudadanos y por tanto, los militares no son sólo esos simples instrumentos atacados por la república, sino que son el medio necesario para proteger a España, una España que está por encima de las vidas humanas.

El ejército así pues, se entiende como un conjunto de guerreros supremos a los que se les debe lealtad por su valentía, lo que viene representado y respaldado por una frase del guión que puede resumir la concepción que se tiene del mismo al realizarse un símil, latente durante toda la película, del soldado con el almogávar: “guerreros elegidos, los más representativos de la raza española: firmes en la pelea, ágiles y decididos en el maniobrar”.

Desarrollado todo esto, podemos percatarnos así de que todos los miembros de la familia Churruca cumplen con el objetivo de representar los diversos elementos que justifican el régimen franquista, el nacionalismo, el tradicionalismo y el militarismo presentados por parte de José Churruca y su padre, el cristianismo, presente en el personaje de Jaime, el conformismo y la religión en el papel de la madre de la familia Churruca, la vileza y avaricia de la república por parte de Pedro Churruca y que finalmente cede ante la sublevación, y finalmente, Isabel, la hija ejemplar que representa a los “futuros hijos” de España, casados con el militarismo.

Finalmente y para concluir, me gustaría añadir por tanto que Raza no es más que una película propagandística por parte del franquismo, que pretendió hacer llegar a la población los pilares que sustentaron el régimen, un denotado carácter militarista, religioso, nacionalista y antirrepublicano, y que obvió por propia conveniencia los crímenes cometidos por el bando nacional, dejándonos el testimonio latente de una visión condicionada, exaltada e intencionada que nos permite a día de hoy comprender la propagación de esta ideología.

Paper Moon





“Aún me debes mis 200 dolares”, esta es la frase con la que sin duda podemos identificar este gran largometraje de unos de los directores cinéfilos por excelencia, P. Bogdanovich, quien nos sorprende en este caso con una película bien realizada, un título casual (fue elegido por una canción de similar nombre que podemos escuchar en su transcurso) y un denotado equilibrio.

Ambientada en la Gran Depresión, Paper Moon nos cuenta la historia de Moses Pray (Ryan O’Neil), un particular estafador que ve cómo su vida se altera y simultáneamente se complementa cuando una niña, Addie Loggins (Tatum O’Neil), entra repentinamente a formar parte de ella. Ambos se convierten en perfectos “amantes” dentro de un juego de estafas que orienta la película hacia una agradable comedia en la que Addie, que como podeis imaginar no es una niña cualquiera, tomará un gran protagonismo y generará un gran sentimiento de complicidad, tanto con su reciente compañero de fechorías como con el espectador.

A nivel interpretativo tenemos que, en primer lugar, subrayar el gran trabajo de Bogdanovich en la dirección de los actores, ya que gracias a su empeño por conseguir el resultado esperado se nos ofrece una conjunción interpretativa de gran talante. Dentro de éste elenco podemos señalar prácticamente de rodillas y en pose de alabanza a una Tatum O’Neil, que, con un merecido Oscar a la mejor actriz secundaria, nos trasmite a una más que creíble niña de 9 años capaz de emocionar, encandilar y convencer al espectador de un papel que si se mira en frío puede parecernos excesivamente provocativo. Por tanto, una realización impecable, y desde mi punto de vista cuasi insuperable, por parte de esta bien dirigida niña de escasa edad que empezó aquí una carrera cinematográfica que se tiñó de enormes decepciones.

Tampoco podemos obviar personajes como el de Moses Pray, muy bien llevado a cabo por un Ryan O’Neil que encarna al estafador con gran contundencia y aceptación del mismo, hasta el punto de lograr esa meta a la que aspira todo actor, la de “fusionar” en un solo ser a intérprete y personaje. Más de lo mismo podemos decir para Madeline Kahn en su papel de Trixie, que supera las dificultades y capta la atención en su no fácil tarea de trasladarnos a la exuberante “bailarina exótica”.

Si nos introducimos en el aspecto técnico podría atreverme a empezar y concluir con una única palabra, “espléndido”, sin embargo voy a ir más allá y voy a intentar resaltar algunos de los aspectos más llamativos y destacables del largometraje dentro de este ámbito.

En primer lugar podríamos hablar de una extraordinaria textura visual ofrecida a través de una fotografía en blanco y negro proveniente de Laszlo Kovacs, quien logra transmitirnos una gran fuerza artística como consecuencia del fantástico tratamiento de la imagen. En igual medida podemos decir que a través de un buen montaje y un fresco guión se dota de fluidez a la película y se nos presentan una serie de gratos movimientos de cámara que van desde el plano fijo hasta el travelling y que vienen acompañados de una gran profundidad de campo, significativos primeros planos, acusados reencuadres que nos trasladan de planos de detalle a planos generales así como de la presencia en diversas ocasiones de espejos para tratar el recurso del fuera de campo.

Igualmente tenemos que decir que la película logra transmitir satisfactoriamente el ambiente de la Gran Depresión, presentando, tanto a través del guión como de los diferentes planos y secuencias, un escenario de carencias y necesidades que se desarrolló a lo largo de ese periodo.

Del mismo modo (y a día de hoy) este largometraje, como muchos otros, nos permite estudiar las ciudades, vestuario, rudimentos, vehículos y un sin fin de curiosidades del momento que trata. Aunque si hablamos de detalles anecdóticos tenemos que apuntar que los cigarrillos que Addie fuma durante la película no son de nicotina, sino de lechuga, gracias a los cuales y a los diferentes gestos así como a su relación con Moses, se nos consigue mostrar a una niña adulta que nos embelesa con cada matiz de su interpretación.

Finalmente, me gustaría concluir diciendo que a pesar de las críticas recibidas por este film de gran intensidad en su categoría de comedia dramática, sobre todo en lo referente a la falta de fuerza en algunos momentos del largometraje (ya que se la acusa de poseer “baches rítmicos”), nos encontramos ante una película de gran talante subversivo, que consigue convencernos de que el camino menos ortodoxo es en este caso el más adecuado.

Invictus





Invictus es el nombre de la nueva apuesta de Clint Eastwood, dónde se nos muestra la historia de una Sudáfrica que tras la abolición del apartheid acoge entre reticencias y aplausos la presidencia de Nelson Mandela, un dirigente que como estrategia de unificación de un país dividido y enfrentado va a utilizar un nexo deportivo representado por la selección de rugby, dónde su capitán, François Pienaar, jugará un papel determinante.

La evolución cinematográfica de este director venía dejándonos ya un muy buen sabor de boca en películas como Million Dollar Baby o Gran Torino, por lo que pronto se desató la pregunta de si este film era mejor que los anteriores o simplemente uno más. Sinceramente no me veo capacitado para responder, pero lo que si que puedo decir es que Invictus es un buen largometraje, bien realizado y que deja una grata sensación cuando empiezan a aparecer los créditos finales, en los que se homenajea a los autores reales de la historia y se pretende dar mayor fidelidad a la narración.

A nivel interpretativo destacaría sin lugar a dudas a un Morgan Freeman que, a pesar de que los años cada vez le pesan más, da la talla en cada papel que se le asigna (y éste por supuesto no iba a ser una excepción) y que tal vez por su pública cercanía a N. Mandella en la vida real, tal vez por su calidad interpretativa o tal vez y seguramente por un poco de ambas, nos presenta durante sus más de dos horas de metraje a un presidente complejo emocionalmente, humano y sobre todo verídico.

No en igual medida pero tampoco de manera inmerecida resalta el papel de Matt Damon, quien bien dirigido interpreta a un reflexivo jugador de rugby con importante peso en la historia. Sin embargo me gustaría subrayar que, pese a una muy buena interpretación, éste no ha sido ni mucho menos el papel de su vida y desde mi punto de vista ya tiene asumida la derrota en los Oscar frente al imparable Cristoph Waltz.

En el plano técnico me veo en la obligación de destacar principalmente una muy buena escenografía que a través de planos espaciales llevan a cabo una más que satisfactoria ambientación del país, dónde las diferentes áreas raciales nos muestran sus límites mediante una reconstrucción paisajística asombrosa. Sin embargo estos planos exquisitos no son un “unicum” dentro de la película sino que también se nos demuestra ese detallismo en las diferentes escenas de juego, dónde la cámara se “mancha de barro” y nos permite casi participar en primera persona en los diferentes partidos de rugby.

En cuanto al montaje del film solo resaltaría algunas “puntillas” que destacan en el conjunto pero que no merecen mayor mención, tratándose simplemente de un trabajo adecuado, como también es el caso de la banda sonora, dónde se nos deleita con una variada musicalidad, desde mi punto de vista intencionada, que es capaz de transmitirnos las diferentes emociones que expresa el largometraje. Sí que diré que algunas de las canciones que conforman el tracklist entran en ocasiones de manera forzada en la escena y por consecuente en nuestros oídos.

Finalmente me gustaría añadir que es una película que a través de los primeros planos y del montaje de varias secuencias de situación en diversos momentos (una de esas buenas “puntillas” a las que he hecho referencia) consigue obtener un buen ritmo que, contando con el punto a favor de jugar con un guión más o menos ligero, logra transmitirnos la evolución de un país a través de una escala tanto micro como macro sin llegar a perder ni la fuerza ni la armonía en todo su metraje.

PUNTUACIÓN: 8

Nine





Nine, una buena idea que no terminó de cuajar. Quizás es así como mejor podríamos definir este nuevo musical de Rob Marshall que nos narra la historia de un director en crisis tanto a nivel artístico como personal y mental, siendo este el punto de partida y el epicentro de un largometraje que peca por su falta de fluidez.

A nivel interpretativo podríamos destacar una efectiva interpretación por parte de una Marion Cotillard que nos va a recordar continuamente por su caracterización en el film a una Audrey Hepburn repleta de elegancia y a su vez de infelicidad. En lo referente a la nominada Penelope Cruz, me gustaría decir que (pese a los prejuicios que tengo hacia ésta quizás por el simple hecho de ser una “Chica Almodovar”) su actuación es aceptable y en algunos momentos atractiva (sobre todo en su momento culmen con el sensual baile), sin embargo creo que en determinadas ocasiones se excede y roza (por no decir traspasa) la línea de la sobreactuación. Con respecto al resto del elenco interpretativo podríamos añadir que en mayor o menor medida -creo que Daniel Day-Lewis funciona bastante bien como Guido- están acertados, aunque no lo suficiente como para merecer mayor resalto.

Llegamos ahora a uno de los puntos en los que el film podría haberse resguardado, la trama y el consecuente guión. Desde mi punto de vista creo que tanto director como guionistas tienen amplios conocimientos cinematográficos, sobre todas sus problemáticas, debates e intereses. Sin embargo, a la hora de intentar transmitirnos todo esto de manera excesivamente resumida no logran su objetivo de la forma más lícita, quedando en la mente del espectador una maraña de ideas que no puede llegar a encajar adecuadamente.


Por otro lado no todo son contras para esta película del director de Chicago”, si no que me gustaría recalcar un exquisito tratamiento artístico de la imagen, desde los diferentes escenarios que nos muestran “la parte trasera” del cine, hasta los cuidados juegos de iluminación, dónde destaca la utilización de luces cenitales y los planos oscuros con elementos remarcados que abarcan la mirada del espectador.

Igualmente podríamos destacar la presentación tanto inicial como final de los diferentes personajes que van a intervenir y/o han intervenido como original y bien planteada. Sin embargo en lo referente a su parte musical me gustaría añadir que pese a que algunas de
estas coreografías y canciones están bien enlazadas con el desarrollo de la trama y nos presentan tanto el mundo exterior como interior del protagonista, otras aparecen sin justificación alguna, como la imperiosa voluntad por parte de alguien de introducir esas secuencias a cualquier precio, lo que le da una apariencia de incongruencia al conjunto del largometraje.

Finalmente, dentro de los aspectos técnicos, querría subrayar un bien tratado trabajo de montaje que alterna diferentes imágenes sin una línea temporal fija y que nos ayuda a comprender un poco más por que cauces se dirige la historia que se nos está narrando, dotándola de una mayor uniformidad que como ya he dicho se ve atacada desde otros flancos.

Por tanto y para concluir, podría decir que se trata de una película que no nos deja el sabor de boca que debiera debido a su falta de ritmo y que se podría haber titulado “Lo que pudo haber sido y al final no fue”.


Puntuación: 5.5

Up in the air



Up in the Air es el título de la fantástica película que hoy nos ocupa lugar. Dirigida por Jason Reitman y poseedora de un magnífico guión adaptado consecuencia del trabajo del mismo junto a Sheldon Turner nos narra la historia del solitario Ryan Bingham, un consumado agente empresarial que tiene una vida aparentemente despreocupada entre sus continuos viajes aéreos, una vida que lleva de forma interesada hasta darse de bruces con la realidad como resultado de una serie de nuevas relaciones y necesidades familiares.

Algunos podrían interpretar este personaje principal como un ente utópico o quizás surrealista, en cambio, si miramos más allá de aquello que parece transmitirnos podemos encontrar a un personaje que encarna aquellos anhelos y miedos que todos hemos sentido alguna vez a lo largo de nuestras vidas y que, como el propio nombre de la película indica, intenta tanto resguardar como obviar entre los cielos estadounidenses.

Así, se nos presenta una historia increíblemente dramática con toques humorísticos (dónde se homenajéa a la película "Amelie") que, a través de un telón en buena medida moralista, nos es transmitida entre la musicalidad de un guión que desde mi punto de vista podríamos clasificar de sobresaliente. Éste queda encarnado gratamente tanto por “El soltero de oro” (título que algunas veces se le ha atribuido a George Clooney y que me parece muy apropiado para este largometraje) como por el resto del elenco, que logra transmitir correctamente las diferentes sensaciones que se experimentan a lo largo de la película. Sin embargo, querría decir que a mi parecer este punto interpretativo, aunque digamos “bien expuesto”, no es el más fuerte del film.

Técnicamente podríamos empezar destacando la acertada presentación de los créditos iniciales, dónde una secuencia de escenas filmadas desde el cielo irán asaltando nuestra mirada satisfactoriamente y guiarán a lo largo de todo el film al espectador desde un punto de vista que bien podría ser el subjetivo del propio protagonista, retratando por tanto ya desde un inicio su “particular” modo de vida.

Sin embargo este no es el único punto resaltable del largometraje si no que es una de los pequeños detalles que enmarcan la narración de la historia, dónde también veo conveniente subrayar principalmente las primeras (aunque en el resto también podemos observar retazos de ésta técnica) secuencias de embarque, dónde se nos presenta un montaje de planos que destaca por la exposición sistemática del modo de vida de Ryan Bingham.

Por último dentro de este aspecto querría añadir el constante juego de cámara que tiene lugar durante todo el film, dónde hay una continua “lucha” (al estilo de un partido de tenis y que en cierta medida me recordó mucho a “Match Point” de Woody Allen) tanto verbal como visual, danzando la cámara de un primer plano a otro para así transmitir momentos tanto de tensión como de comprensión e insinuación.

Finalmente decir que desde mi punto de vista el aspecto más negativo del metraje es el toque moralista al que en parte nos tiene acostumbrados el director y que podemos observar en films como “Juno”, un toque que a un determinado grupo de espectadores puede llegar a irritar. Sin embargo, tampoco me gustaría desmerecer esta actitud, ya que aunque si que es cierto que podemos discernir este aspecto durante sus 109 minutos, hay que decir que Jason Reitman intenta enfocar tanto al personaje como al entorno para evitar transmitir una crítica unipersonal.




Puntuación: 8.5

Celda 211




Nos encontramos ante una de las joyas del año y desde mi punto de vista, del cine español. Celda 211, es un film temático dirigido por Daniel Monzón (el cual empezaba a marcar maneras ya en películas como la Caja Kovak) que nos cuenta la historia de “Calzones”, personaje muy bien interpretado por Alberto Ammann, quien el día previo al comienzo de su servicio queda atrapado en un motín carcelario, por lo que su única salida va a ser el hacerse pasar por un preso más.

Así es como empieza a desarrollarse un largometraje de gran tensión que posee una escenografía que impacta por su realismo y que invita al espectador a entrar en un mundo vetado dónde el bien y el mal muchas veces se confunden, “distorsionando” la visión de un público que reacciona ante una serie de estímulos y que puede llegar a ver nuevos rasgos que antes era incapaz de vislumbrar.

Por lo tanto, tenemos que resaltar un gran trabajo de dirección, tanto en lo referente al montaje como a los movimientos de cámara, los cuales, mediante una serie de primeros planos, planos de detalle y planos subjetivos acentúan la expresividad del film y logran una gran empatía con el espectador, consiguiendo así mantener la tensión durante todo su metraje.

Del mismo modo hay que resaltar que en esta película nominada muy merecidamente a ni más ni menos que 16 Goyas destaca un elenco actoral de gran fuerza que respalda la potencia de la historia. Nos encontramos al ya citado Alberto Ammann, quien desarrolla más que correctamente el papel de Calzones y que aparece como una nueva apuesta dentro del cine por su calidad interpretativa. Sin embargo, si en este film alguien destaca por una espléndida, magnífica, sobérbia y gloriosa actuación no es otro que Malamadre, interpretado por un majestuoso Luis Tosar, quien con sus recursos artísticos y una espectacular modificación vocal es capaz de ganarse al público , pareciendo fusionarse con su personaje en una sola persona para hacer totalmente creíble la situación y desarrollando una profunda psicología que nos lleva a la comprensión de la mentalidad de un individuo que ha perdido todas sus esperanzas de vida. Finalmente dentro de este punto podríamos señalar como menos resaltado el papel de Antonio Resines, quien si bien logra su objetivo final, flojea en muchas ocasiones y se deja llevar por su particular estilo.

Como punto final y para concluir sólo me gustaría añadir que esta magnífica película logra con creces todos sus objetivos y nos transmite una clara metáfora que del mismo modo nos puede acompañar en nuestro día a día: En cualquier momento tu vida puede cambiar drásticamente.




Soñadores




La película que hoy ocupa lugar no es ni más ni menos que “Soñadores” (Dreamers) del director Bernardo Bertolucci, quien ya nos sedujo entre otros elementos con la cuidada estética de “El último emperador”.

En este caso nos encontramos ante un film que destila cinefilia por doquier y que queda enmarcado correctamente en un París en pleno conflicto, ardiente de los sucesos del mayo del 68 y movilizada en parte por la expulsión de Herni Langlois de su cargo, uno de los creadores de la cinémathèque francesa, lo que desató la protesta en post de la libre cultura cinematográfica.

En este contexto nos encontramos con tres jóvenes que, en la delgada línea que separa el mundo externo del privado, van a gozar de los placeres de una juventud cinéfila, los cuales están llevados en este caso al extremo para hacer disfrutar al espectador con la gran belleza que destila el cuerpo humano gracias a un constante juego de espejos así como a una serie de secuencias y enfoques explícitos que evocan toques de sensualidad provenientes de planos que nos recuerdan a la mismísima Venus de Milo.

Como decía, en esta película nos encontramos con una lección magistral de cine que nos honra con imágenes de grandes hitos de la historia del séptimo arte así como con las destacadas palabras de personajes como Godard o con las diferentes tendencias que enfrentaban ya en su día a entidades como Chaplin o Keaton. Muchas de estas escenas rememorativas vienen acompañadas de recreaciones de las mismas por parte de los protagonistas, provocando en cierta medida una actitud participativa por parte del espectador durante todo el largometraje.

Dicho esto, he de resaltar ahora un aspecto redundado durante todo el film que habla de uno de los límites del arte cinematográfico que ya he venido abordando en el apartado de Historia del cine correspondiente a “Imagen, mirada y sacrilegio”, el límite de la mirada.

En esta película, durante todo su metraje se hace alegoría a una serie de aspectos prohibidos que el propio cineasta tiene cierto pudor de retratar, como es el caso del tabú mundial del incesto, ejemplo que el director expone con el fin de hacer ver al espectador esa parte oscura, y como bien dice su guión propia de un Voyeur, que posee y ha poseído el cine en gran medida a lo largo de su historia. Para esto, para hacer ver al espectador que en buena parte lo que hace un director “debería de ser ilegal” (cito textualmente), antepone a secuencias en las que la mirada de la cámara se infiltra discretamente en cuartos ajenos por puertas y ventanas, una serie de planos en los que se mancilla la intimidad de la persona en cuestión con actos como orinar involuntariamente en un cepillo de dientes ajeno.

Así pues, nos encontramos ante un largometraje estilísticamente muy bello que retrata con claridad los placeres de la vida, la armonía del entorno captado por el propio director y la necesidad de hacerlo. Tampoco hay que olvidar una gran contextualización histórica de un París preparado para la revolución, así como la crítica a la violencia, el militarismo y el totalitarismo de cualquier extremo (se hace mención por parte de Mathew al temor que le inspira tanto el fascismo europeo, como las propias ideas comunistas en las que una masa de gente sostiene un mismo libro con una misma idea y que corea unos mismos pensamientos de forma casi autómata). Del mismo modo se ha de hacer alusión a una trama muy bien llevada a cabo por un más que logrado y destacado trabajo de montaje que acompañado con un guión intensamente esclarecedor lleva al espectador a través del recorrido histórico del cine y lo inicia en estos conocimientos.

En conclusión, se trata desde mi punto de vista de una gran película que debe ser destacada y recordada como uno de los grandes hitos del cine; y es que como siempre he defendido, no todas las películas con gran publicidad y éxito en taquilla pueden llegar a competir si quiera al mismo nivel que películas de este talante.


Tren de Sombras



“Tren de Sombras” es un film dirigido por José Luís Guerín, un film que nos traslada hacia una poesía cinematográfica que nos ayuda a comprender la historia del cine con una serie de referencias al inicio del mismo que se refleja en su primigenio carácter familiar, la importancia del montaje, el paso del tiempo o el gran peso que recae en la mirada.

Esta película toma su punto de partida con la muestra de un documento cinematográfico de ámbito familiar desarrollado por un abogado francés que recibe el sobrenombre de Fleury. Aquí se nos presentan una serie de imágenes grabadas en “Le Thuit”, dónde se puede observar la muestra de la felicidad en un documento de gran valor histórico, creado antes de la muerte de Fleury en extrañas circunstancias. Esta felicidad se nos presenta a través de unos encuadres y planos elaborados que se producen gracias a los conocimientos previos de éste director en el ámbito de la fotografía.

Tras la exposición de este cine familiar que marca los inicios del mismo y tras observar que el paso del tiempo también ha causado estragos en el documento, el director Guerín va a mostrarle al espectador aspectos como la marcha de la felicidad con el transcurso de los años mediante la retrospección a ese pasado grabado por Fleury, reflejándose esto de forma especial con los planos que hace el actual director a aquellos lugares simbólicos de la grabación originaria.

Se nos muestra por tanto ahora, un lugar que carece de las sonrisas que se recogieron en el pasado, centrándose más que en los exteriores, a los que Fleury les dio tanta importancia, en el interior de ese lugar dónde el paso del tiempo se ve reflejado con el constante sonido del reloj en funcionamiento, marcándole al espectador los estragos que ha causado el mismo en un pasado del cual ya solo nos quedan los recuerdos captados por una cámara cuentacuentos, un efecto que se consigue con el fantástico juego que hace Guerín con las sombras, sombras que se proyectan en un atardecer que nos indica el fin de un período marcado por el “tic tac” de un reloj.

Pero no sólo se hace referencia al tiempo en este peculiar homenaje a la historia del cine, sino que se tratan otros aspectos tan diversos y consolidados como la importancia cinematográfica de la mirada, una mirada que se adentra en lo prohibido y en lo personal de los integrantes del film de Fleury, que Guerín toma como ejemplo para hacer referencia a la trayectoria de esta mirada en el recorrido del cine.

Aquí podemos observar esta muestra en escenas tan singulares como las miradas furtivas entre un familiar y la criada, mostrando así una situación en la que se adentra el cineasta como un voyeur que observa los acontecimientos desde el exterior y los muestra sin ser directamente participe.

Éste carácter prohibido de la mirada se hace patente también en escenas tan singulares como aquella en la que la criada se mantiene oculta tras un árbol observando la situación desde el exterior, lo que puede reflejar ese carácter de privacidad que mantienen los actos y que alguien roba a través de la mirada sobrepasando esos límites, un carácter de “ladrón oculto de imágenes” que refleja muy bien el carácter sacrílego del cine.

Del mismo modo hay que destacar la mirada perdida de esa mujer que goza de sueños e ilusiones y que el director captura entre planos con su cámara mientras se balancea casi de forma poética en un columpio, dándo conocer sus sensaciones a través de esa mirada que a la par se muestra perdida, indecisa e ignorante a sabiendas, por lo que el director se convierte a través de la captura de imágenes en un confesor del ámbito prohibido.

Guerín se adentra en éste ámbito y “desmenuza” las escenas prohibidas transmitidas a través de las miradas con una recreación de los hechos filmados por Fleury en la que se muestra ahora de forma consciente al espectador como el director ha captado las imágenes con un propósito determinado.

La intención de José Luís Guerín al hacer esto es el de mostrar al espectador la vital importancia de la mirada en el cine, una mirada que nos conduce a valores inmateriales pero que también los sirven de guía dentro del film ya que indican a aquel que visualiza el largometraje hacia dónde tiene que dirigir su mirada dentro del mismo.

Pero además de todo esto, hay que destacar del mismo modo el trabajo que hace aquí Guerín en cuanto al destacamento de la importancia del montaje dentro del proceso de creación de un film, aspecto que se expone con la muestra de este periodo sobreponiendo diversos planos en diferentes contextos y creando de este modo secuencias totalmente distintas a las originarias que aun así gozan de concordia y armonía, por lo que aquí se da a conocer la necesidad del montaje para crear un documento cinematográfico que se construye en última instancia en el estudio, ya que los planos toman sentido y coherencia cuando se les deposita en el orden adecuado dentro de una serie de secuencias que conformaran finalmente el film en su totalidad.

Por último y para finalizar me gustaría resaltar que Guerín toma la iniciativa de “concluir” el proceso creativo de Fleury, dotando a sus imágenes de vitalidad con la introducción de aspectos como el color y trasladando por tanto un documento cinematográfico de aspecto histórico hasta la actualidad, por lo que con la superposición de planos se consigue el efecto visual que da a conocer al espectador que la trayectoria del cine tiene un inicio que marca una carrera que llega hasta la actualidad y que aún hoy perdura y lucha por seguir avanzando, razón por la que una de las últimas escenas del film es aquella en la que Fleury coge su canoa y se dirige hacia el lago, adentrándose y perdiéndose en la inmensidad del agua, una inmensidad que nos puede reflejar que la trayectoria de la cinematografía aún no ha terminado sino que se está adentrando en un mar por el que avanza hacia eternidad de la mano del paso del tiempo.


Solo ante el peligro (High Noon)





Nos encontramos en este caso ante un maravilloso film que vió la luz en 1952 y que estuvo dirigido por Fred Zinnemann, partiendo de un guión que corría a cargo de Carl Foreman.


“Solo ante el peligro” (High noon), nos narra la historia desde el final de la carrera como sheriff de Will Kane, encarnado de forma soberbia por Gary Cooper, cuándo este decide casarse y vivir el resto de su vida como un ciudadano más. Sin embargo, sus planes se ven truncados cuando un bandido, al que había encarcelado anteriormente, ha conseguido escapar de la horca y ha decidido volver en el tren de las 12 a saldar las cuentas con Kane.

Este magnífico largometraje se nos presenta ya en 1952, estando ahora en una época en la que alabamos series como 24 por su creatividad, en una historia que avanza a tiempo real,
manteniendo en todo momento el suspense y la atención del espectador, quien se muestra impaciente ante la espera de la resolución de la trama y que acompaña a un reloj que amenazante marca el ritmo de la historia. Sin embargo, esta espera no es ni mucho menos difícil de digerir sino que en ella uno se puede deleitar tanto con el esplendor de las palabras que lo envuelven como por el cuidadoso trato que se le da a las imágenes que enmarcan la película.

El film se nos narra desde la soledad y el desamparo más absoluto, ya que el protagonista, en un intento de reunir apoyo para acabar con los criminales, se ve inmerso en una situación hostíl en la que va a tener que enfrentarse solo al inminente peligro (parafraseando de alguna manera a la traducción española del titulo).

Hay que destacar un espléndido trabajo tanto en los diferentes movimientos y planos de cámara, como en el montaje de las imágenes. En el primero de los casos nos encontramos con una película rica en técnicas como el travelling, dónde podemos observar el contoneo de un ca
rro que avanza a contrarreloj, siendo el tiempo un elemento importante en esta película, como ya hemos anticipado y como matizaremos posteriormente. Del mismo modo, este es un film que nos muestra una amplia variedad de planos, dónde destacan una serie de planos generales que además de situar al espectador en un contexto espacial típico del wernstern, transmiten en determinadas ocasiones la soledad en la que se encuentra el personaje. Así mismo, un elemento importante es la utilización de primeros planos, destacando estos principalmente en una de las partes finales de la película, dónde encontramos un espléndido trabajo de montaje en el que aparecen una serie de éstos señalando uno por uno a todos aquellos que en cierta medida han dado la espalda al sheriff y concluyendo con un primer plano del reloj dando las 12 que viene acompañado con un signo acústico que nos indica la llegada del tren y que finaliza la secuencia con el plano de una silla, la silla del acusado, la cual va a ser un elemento significativo que ahora desarrollaremos.

Tenemos que señalar que toda la película va a venir marcada por un incesante plano del reloj que mueve sus agujas casi de forma poética y que muestran el angustioso paso del tiempo que amenaza seriamente al protagonista de la historia. Sin embargo, para entender estos elementos, así como la ya mencionada silla del acusado, tenemos que hacer referencia a la hi
storia personal del guionista, Carl Foreman, quien, víctima del McCarthismo, construirá el entramado de esta película en alegoría al mismo ya que él, como muchos otros, tuvo que sentarse en una silla de acusado al estar citado a las 12 del mediodía por el Comité de Actividades Antiamericanas. Así pues, podemos entender de este modo la soledad y desamparo del protagonista, el incesante paso del tiempo, la constante aparición en la película de las vías del tren que señalan la temprana llegada del verdugo y las no menos destacables alegorías al nefasto valor de los ciudadanos ante la justicia por la que se alegaba, manteniéndose al margen de un asunto tan, desde mi punto de vista, inmoral e injusto como fue la “Caza de Brujas”.

Así pues, solo me queda añadir que este película, además de una merecidísima nominación a los Oscar a mejor guión, ganó cuatro estatuillas así como cuatro globos de oro que hacen de este film, priorizando a esto el resto de aspectos destacados, un film de obligado visionado.




 
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